Historia del oficio
Mary Corita Kent: la monja que serigrafió los eslóganes del supermercado
Hizo unas ochocientas serigrafías, convirtió la publicidad del pan de molde en poesía, enseñó con diez reglas que todavía se cuelgan en las aulas y acabó firmando un sello que se imprimió setecientos millones de veces. Y lo hizo casi todo desde una escuela de Los Ángeles, con una rasqueta en la mano.
7 min de lectura

01
Un aula como taller
Frances Elizabeth Kent nació en Iowa en 1918 y entró en el convento del Inmaculado Corazón de María en 1936, con dieciocho años. Pasó a llamarse hermana Mary Corita y acabó dirigiendo el departamento de arte del colegio universitario de la orden, en Los Ángeles.
Allí eligió la serigrafía, y la elección no era casual. Es barata, se puede hacer en grupo, no necesita una imprenta y produce muchas copias iguales. Para alguien que quería que sus imágenes circularan y no que colgaran en una galería, era la técnica evidente. Sus estampas se vendían por pocos dólares.
El taller funcionaba como una fábrica alegre: estudiantes estampando a la vez, plazos imposibles, exposiciones anuales que reunían multitudes. Corita trabajaba con un método que bautizó como el buscador, un simple marco de cartón con un agujero en medio que te pones delante del ojo para aislar un trozo de mundo. Un rótulo, un precio, una letra de un anuncio. Lo que quedaba dentro del agujero era el material de trabajo.
02
1962: las latas de sopa lo cambian todo
En 1962, Corita visitó en Los Ángeles la exposición en la que Andy Warhol enseñaba sus latas de sopa Campbell. Salió convencida de una cosa: el lenguaje del supermercado era el lenguaje que todo el mundo leía cada día, y por tanto era donde debía poner lo que ella quería decir.
A partir de ahí, su obra se llena de marcas. El pan de molde Wonder con sus círculos de colores, las latas de Del Monte, el eslogan de una marca de cereales sobre la bondad. Pero lo que hacía no era celebrar la publicidad: la desmontaba. Junto al eslogan ponía un fragmento de evangelio, un verso de Lorca o de Camus, una frase de un discurso por los derechos civiles. La tipografía comercial acababa diciendo exactamente lo contrario de lo que decía en la tienda.
Los años sesenta hicieron el resto. Sus serigrafías se fueron cargando de Vietnam, de pobreza, de derechos civiles, con los colores cada vez más chillones y las palabras cada vez más directas.

03
Las diez reglas
De su departamento de arte salió una lista de diez reglas que se ha reproducido en medio mundo, a menudo sin saber de dónde viene. Dice cosas como que la regla cuatro es considerarlo todo un experimento, que no hay que intentar crear y analizar a la vez, o que la única regla es trabajar, porque quien trabaja todo el rato acaba encontrando las cosas.
La décima regla, la que cierra la lista, deja claro el tono: romped todas las reglas, incluidas estas. Hay un fragmento atribuido a John Cage, que era amigo de la casa. La lista se escribió para un aula concreta y ha acabado colgada en estudios de diseño, talleres y escuelas de todo el mundo.
Vale la pena leerlas pensando en un taller de verdad: describen bastante bien cómo funciona el trabajo manual. Prueba, equivócate barato, repite, no te quedes mirando la pantalla esperando la idea buena.
04
La ruptura y el depósito de gas
Su obra no gustó a todo el mundo. El arzobispo de Los Ángeles consideró aquellas mezclas de eslóganes y evangelio poco respetuosas, y el conflicto con la jerarquía fue creciendo durante años. En 1968 Corita dejó la orden y se trasladó a Boston para dedicarse solo a trabajar.
En 1971 pintó la que seguramente es su obra más vista: una franja de colores que rodea un depósito de gas a la entrada de Boston, visible desde la autopista. Es una de las obras de arte con derechos de autor más grandes que existen, y la miran millones de conductores cada año sin saber quién la hizo.
En 1985, un año antes de morir, diseñó el sello Love del servicio postal de Estados Unidos. Se imprimieron cientos de millones. Pocas obras de arte del siglo XX han pasado por tantas manos.

05
Por qué nos interesa, en el taller
Porque Corita defendía exactamente lo que nos gusta del oficio: que una técnica barata y repetible es una manera de hacer llegar una idea a mucha gente. Ella lo hacía con estampas de pocos dólares; nosotros, con camisetas que un grupo vende a la salida de un concierto. El soporte cambia, la lógica es la misma.
Porque trabajaba con pocos colores y mucho contraste, que es lo que la serigrafía hace mejor. Y porque su material de partida eran letras y palabras, no ilustraciones complicadas: una tipografía grande, bien elegida y bien estampada sigue siendo el diseño que mejor funciona sobre ropa.
Y porque su idea del buscador, aislar un trozo de mundo y mirarlo solo, es lo que hacemos cada vez que alguien nos trae un diseño y hay que decidir qué debe quedar cuando solo tienes tres tintas.
Datos que vale la pena recordar
- Nombre real
- Frances Elizabeth Kent, Iowa, 1918–1986
- Entra en el convento
- En 1936, con dieciocho años; pasa a llamarse hermana Mary Corita
- Serigrafías
- Unas 800 a lo largo de su vida
- El momento que lo cambia todo
- Ver las latas de sopa de Warhol en Los Ángeles, en 1962
- Marcas que utilizó
- Wonder, Del Monte y otros eslóganes de supermercado, dados la vuelta
- Las diez reglas
- La séptima dice que la única regla es trabajar; la décima, que las rompas todas
- Deja la orden
- En 1968, tras años de conflicto con la jerarquía de Los Ángeles
- Obra más vista
- La franja de colores del depósito de gas de Boston, de 1971
- Sello Love
- Diseñado en 1985; se imprimieron cientos de millones
Pocas tintas, muchas copias
Es la definición del oficio, y sigue igual de vigente. Si tienes un mensaje y quieres que salga a la calle, la serigrafía sigue siendo la manera más directa de ponerlo ahí.